Le acarició el pelo. Su mano reposaba tranquila agarrando los mechones sueltos de su cabello castaño. Ella sonreía, como no había sonreído en meses. Tanto que la sonrisa casi no le cabía en el rostro, y el orgullo casi no le cabía en el pecho.
-Adoro cuando sonríes así -le dijo él.
-Tú me enseñaste a hacerlo -le contestó ella-. Yo sólo lo pongo en práctica.
-Pero sólo cuando te doy razones para que lo hagas -cuestionó.
-Porque sólo quiero regalarte a ti mi sonrisa.
Congratulations, My Boy.
