Era increíble como algo como eso la había marcado tanto. No entendía la razón por la que se había echado a llorar cuando se lo dijeron, no sabía por qué el corazón se le había encogido cuando había escuchado su nombre. Sólo sabía que él era parte de su corazón, y nadie podría cambiar eso.
-No tienes por qué preocuparte. -le dijo él-. Por mucho que no me quieran yo seguiré aquí.
-Pero tú te lo mereces. No quiero que te vayas. Otros están ahí y se merecen no estarlo.
-Eso es cruel. No digas eso.
Él no lloraba, él era fuerte y sólo esbozaba una sonrisa tranquila y triste.
-Me valen los recuerdos.

