Wednesday, February 8, 2012

supongo que sería mi culpa


El mundo es un juego arcaico y cruel de lo que debería ser una partida de ajedrez jugada por un niño de cinco años. Desordenado; la tierra se abre, creando montañas y valles con glaciares o ríos. Los temblores de la tierra vaticinan olas gigantes que inundan países enteros; nubes negran anuncian la llegada de los rayos. Los oceanos son crueles, las olas, rápidas y feroces, bambolean sustancias sin vida, que quien sabe como llegaron a sus manos frías y espumosas. El olor a sal intenso vaga por los recónditos parajes de las playas más oscuras, revolviendo la arena, creando dunas infranqueables o golpeando y dañando la roca caliza de los acantilados, que se desprenden con un ruido sordo y desaparecen en las aguas. El frío es húmedo, se mete bajo la piel, quedándose entre los músculos y los huesos, recorriendo a su placer los espacios entre articulaciones, haciendo imposible mover los dedos. Los pájaros han decidido no volver a pasar por allí, y esquivan el lugar tan pronto saben donde están. Pero no todo esto tiene por qué ser malo. Es un perfecto lugar para olvidarse de todo y escribir. Escribir un libro con sabor a mañana.

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