Tuesday, January 17, 2012

espartano.



No sé como decir las verdades, nunca he sabido. Los sentimientos siempre se me han dado mal, y en este caso vuelve a ocurrir. 
Quizá contigo estos siempre han estado más claros, siempre han sido obvios.
Hace aproximadamente 3 años que te conozco. Pero nunca pensé que ibas a ser tan importante para mí. Cuando estabas en el Liverpool, fíjate lo que te voy a decir, fíjate lo que te  voy a contar... Me parecías feo. También es verdad que todo pelado no estás nada agraciado y creo que en eso coincidimos todos,
 Trufas *insertar risita nerviosa*

Pues bien... Te odié. Durante casi cuatro meses, te odié mucho. Cada vez que se mencionaba tu fichaje por el Madrid en la tele, yo me ponía de morros y miraba a la pared, o me marchaba del salón y me encerraba en mi cuarto. Ni siquiera sabía por qué me molestaba tanto. Quizás porque antes el único equipo que conocía era el Liverpool, y me hubiera fastidiado igual que te hubieras ido al Madrid, como al Barça o como el Alcorcón, a pesar de que tenía más afinidad con el Barça.

Pero un día todo cambió. Me enteré de que habías estado en la cantera, y entonces cambié de opinión. ¿Qué canterano no quiere volver a su hogar? Yo querría volver a jugar entre las filas de los filiales femeninos del Las Palmas y aquí estoy.

Es por eso que poco a poco alrededor de tu persona fue surgiendo un aura de respeto. Verte de manera tan natural, tan tuya, era suficiente para hacerme sonreír como una estúpida mirando a la pantalla, imaginándote a ti sonriéndole al Chori o picando a Xabi.


Para que quede constatado en algún sitio, cuando he empezado a acordarme de todas las veces que he sonreído sin que tú lo supieras, he empezado a llorar. No es un llanto amargo, es un llanto en el que sonrío, mientras las lágrimas recorren mis mejillas esbozo una sonrisa, porque es felicidad, felicidad de que valgas tanto para mí sin haberte visto en persona más que una sola vez.

A ti no te valía con quedarte en mis sueños. Cuando la Selección se hospedó en el hotel de mi madre, tú fuiste el que nos dio la posibilidad de veros, de disfrutar de vuestro fútbol. Pero no sólo eso, si no que me leíste y apreciaste mi apoyo. Para mí eso vale más que cualquier autógrafo.

No tengo más que decir, espartano. Eres mi vida. Quédate con eso. Porque a mí ya me tienes. Porque cada vez que te miro sonrío. Porque cada vez que sufres, sufro. Porque te siento tan lejos... y a la vez tan cerca.


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