y en esta absurda soledad
Los ojos se me cerraban a la vez que veía como te ibas de mi alcance. Mis dedos intentaron alcanzarte, pero tú me miraste y me dijiste con la mirada que no, que no había nada más que hacer. Que todo estaba perdido, que te había perdido para siempre. Mis palabras fueron como la granada que desencadenó tus insultos, sin proponérmelo. A veces creo que nunca me conociste bien. Y es que nunca lo intentaste.
No comments:
Post a Comment